A Casi todo el mundo relaciona las molestias del ruido con las noches sin dormir.
Asked what bothers them most about noise, casi todo el mundo habla de las noches en las que no ha podido dormir. The statement reports what people say. The speaker's own view, that el daño más serio es el que no notamos, comes next and does not make it false. C contradicts that same paragraph: even while we sleep, el cerebro sigue procesando cada sonido como una posible amenaza.
B El cuerpo sigue reaccionando al ruido aunque la persona crea que ya no le afecta.
People who say they have got used to traffic stop waking up, pero su organismo no se acostumbra: their pulse still rises every time a motorbike passes under the window.
D Los mapas oficiales de ruido pueden ocultar momentos de gran intensidad.
Council noise maps se basan en promedios, y los promedios engañan: a street with an acceptable average can hide very loud peaks, such as the rubbish lorry at four in the morning. E turns a change of method into a rejection: her team has stopped looking únicamente at average decibels and also counts how often a threshold is passed, so it still uses the averages.
F La conferenciante reconoce que las pantallas acústicas y las ventanas aislantes son útiles.
About noise barriers and better windows the speaker says Son medidas útiles, no lo niego. Her objection is their limit: they protect only people indoors with the window shut. G is wrong about the porous road surface, whose pores con los años se obstruyen y hay que renovarlo.
I Los efectos de reducir la velocidad se notan casi de inmediato.
Residents notice the lower speed limit en cuanto se aplica la medida, a veces en la primera semana. H contradicts her description of it as una medida barata. J misreads the comparison: going from fifty to thirty cuts the noise como si por esa calle circulara la mitad de los coches, so no cars have to be removed.
L La conferenciante propone que la lucha contra el ruido empiece por los barrios con la vivienda más barata.
The noisiest areas tend to be those donde la vivienda es más barata, and any serious policy debería empezar precisamente por esos barrios, y no por los que más se quejan. K goes too far: the cities that list their quiet places do so to stop nuevas actividades ruidosas moving in, which is not a ban on every activity.
Conferenciante: Buenas tardes, y gracias por la invitación. Voy a hablarles de un contaminante que no se ve ni deja residuos y que, precisamente por eso, recibe mucha menos atención de la que merece: el ruido.
Conferenciante: Empecemos por una idea que suele sorprender. Cuando preguntamos a la gente qué es lo que más le molesta del ruido, casi todo el mundo habla de las noches en las que no ha podido dormir. Sin embargo, el daño más serio es el que no notamos. Nuestro oído no descansa nunca, ni siquiera mientras dormimos, y el cerebro sigue procesando cada sonido como una posible amenaza. El resultado es una pequeña descarga de hormonas del estrés que, repetida noche tras noche durante años, acaba afectando a la tensión arterial y al corazón.
Conferenciante: Lo paradójico es que muchas personas aseguran haberse acostumbrado al tráfico de su calle. Y es verdad que dejan de despertarse, pero su organismo no se acostumbra: las mediciones muestran que el pulso se les sigue acelerando cada vez que pasa una moto por debajo de la ventana. Lo mismo ocurre con quienes viven junto a una vía de tren y dicen que ya ni lo oyen.
Conferenciante: La segunda idea que quiero compartir con ustedes tiene que ver con la forma en que medimos el problema. Los mapas de ruido que elaboran los ayuntamientos se basan en promedios, y los promedios engañan. Una calle con un nivel medio aceptable puede esconder picos muy intensos: el camión de la basura a las cuatro de la mañana, una terraza que recoge las mesas a la una, la sirena de una ambulancia. Dicho de otro modo, dos calles con la misma media pueden ofrecer a sus vecinos noches muy distintas. Para la salud, esos picos importan tanto como la media, y a menudo más. Por eso, en mi equipo hemos dejado de fijarnos únicamente en los decibelios medios y contamos también cuántas veces por noche se supera un determinado umbral.
Conferenciante: Hablemos ahora de soluciones. Durante décadas, la respuesta habitual ha sido levantar pantallas acústicas junto a las autopistas y sustituir las ventanas de las viviendas por otras más aislantes. Son medidas útiles, no lo niego, pero tienen un límite evidente: protegen a quien está dentro de casa con la ventana cerrada, y a nadie más. En verano, cuando abrimos las ventanas, o en los parques y en las plazas, no sirven de nada.
Conferenciante: Las ciudades que están obteniendo mejores resultados son las que actúan sobre el origen del ruido. Reducen la velocidad máxima a treinta kilómetros por hora, renuevan el pavimento con materiales que absorben parte del sonido y, sobre todo, disminuyen el número de vehículos que circulan por el centro. Ese pavimento, por cierto, tiene pequeños poros que atrapan parte del sonido de los neumáticos, aunque con los años se obstruyen y hay que renovarlo.
Conferenciante: Quiero detenerme un momento en la velocidad, porque es una medida barata y sus efectos se suelen subestimar. Pasar de cincuenta a treinta kilómetros por hora reduce el ruido del tráfico de forma muy apreciable, más o menos como si por esa calle circulara la mitad de los coches. Y no hace falta esperar años para comprobarlo: los vecinos lo perciben en cuanto se aplica la medida, a veces en la primera semana.
Conferenciante: Hay un último aspecto del que se habla poco, y es que el silencio también se puede proteger. Del mismo modo que conservamos un bosque o un edificio histórico, algunas ciudades europeas han empezado a catalogar sus zonas tranquilas, como patios interiores, jardines o pequeñas plazas, para impedir que se instalen en ellas nuevas actividades ruidosas. En algunos casos, incluso, las han señalizado como se señaliza un espacio natural protegido. Me parece una idea excelente, porque cambia el enfoque. El objetivo deja de ser únicamente combatir el ruido allí donde ya existe y pasa a incluir el cuidado de los lugares a los que todavía no ha llegado.
Conferenciante: Termino con una advertencia. El ruido es un problema de salud pública, pero también es una cuestión de justicia. Las zonas más ruidosas suelen coincidir con los barrios donde la vivienda es más barata, y quienes viven en ellos tienen menos posibilidades de mudarse o de pagar unas ventanas mejores. Por eso creo que cualquier política seria contra el ruido debería empezar precisamente por esos barrios, y no por los que más se quejan. Muchas gracias.