DELE C2 use of language, reading and listening task 2: Missing paragraphs
Uso de la lengua, comprensión de lectura y auditiva, tarea 2
Put six of seven removed fragments back into the gaps of a text of 550 to 600 words.
Part of the 105-minute use of language, reading and listening test: 52 questions, 33.33 points. Every correct answer counts the same, and a wrong answer costs nothing.
El hombre que escucha los pianos
Lea el siguiente texto, del que se han extraído seis fragmentos. A continuación, lea los siete fragmentos propuestos (A-G) y decida en qué lugar del texto (1-6) hay que colocar cada uno de ellos. Hay un fragmento que no tiene que elegir.
Suggested time: 12 min.
El hombre que escucha los pianos
Ernesto Valdivia llega puntual, con un maletín de cuero gastado y la sonrisa tranquila de quien se sabe esperado. Desde hace cuarenta y dos años recorre Buenos Aires afinando pianos: los de los conservatorios, los de algunas salas del centro y, sobre todo, los que dormitan en los livings de departamentos antiguos, cubiertos con un mantel de crochet y rodeados de portarretratos. 1 A él no le parece extraño. «Un piano es un mueble que guarda la voz de una familia», dice, «y a la voz hay que cuidarla aunque nadie hable».
Antes de abrir la tapa, Valdivia pide permiso. Es un gesto que aprendió de su maestro, un inmigrante genovés que le enseñó el oficio en un taller de Almagro y que sostenía que un instrumento ajeno merece el mismo respeto que una casa ajena. Después toca unas pocas notas, siempre las mismas, y se queda inmóvil con la cabeza ladeada. 2 Solo entonces saca las herramientas, que ordena sobre un paño con la meticulosidad de un cirujano.
El oficio, sin embargo, ha cambiado más en la última década que en los treinta años anteriores. Hoy cualquiera puede descargar en el celular una aplicación que indica con precisión la frecuencia de cada cuerda, y no pocos afinadores jóvenes trabajan con ella sin ningún complejo. 3
La explicación tiene algo de física y algo de artesanía. Las cuerdas de un piano no vibran aisladas: cada una arrastra a sus vecinas, y una afinación matemáticamente perfecta suena, a oídos de un músico, ligeramente áspera. El afinador tiene que repartir pequeñas imperfecciones a lo largo del teclado para que el conjunto resulte armonioso, y la medida exacta de ese reparto no figura en ningún manual. 4
Tampoco los clientes son los de antes. Durante décadas, tener un piano en casa fue una señal de prosperidad y de ambiciones familiares: la nena tenía que estudiar música, aunque nadie le hubiera preguntado si quería. Hoy muchos de esos instrumentos se heredan sin entusiasmo, ocupan un espacio que en los departamentos modernos escasea y terminan ofrecidos en internet por un precio simbólico. 5 «Me da pena pensar que un piano que sonó en tantos cumpleaños acabe en un depósito», confiesa, casi disculpándose.
Le pregunto si teme que su oficio desaparezca. Tarda en responder, como si estuviera escuchando otra vez la nota del principio. 6 Antes de irse, toca una escala completa, cierra la tapa con cuidado y vuelve a colocar el mantel exactamente como estaba.
- APor eso nunca acepta afinar un piano recién trasladado: prefiere esperar unas semanas a que la madera se acostumbre a la temperatura y a la humedad de la nueva habitación.
- B«Es como acomodar a los invitados en una mesa larga», resume con una imagen que seguramente ha repetido cientos de veces. «Si los sentás por orden alfabético, la cena es un desastre».
- CMuchos de ellos no se tocan desde hace años, pero sus dueños siguen llamándolo cada otoño, como quien lleva flores a una tumba o riega una planta que ya no florece.
- DDice que no, que mientras haya alguien dispuesto a sentarse frente a un teclado habrá alguien dispuesto a cuidarlo, aunque reconoce que cada año le cuesta más encontrar aprendices con paciencia.
- EValdivia no la desprecia: la usa para comprobar la primera nota y después guarda el celular en el bolsillo, porque está convencido de que afinar un piano no consiste en ajustar las cuerdas una por una.
- FAlgunos van a parar a escuelas de barrio o a centros culturales, adonde Valdivia acude a afinarlos sin cobrar, por un motivo que él mismo admite que tiene poco de racional.
- GEn ese silencio, asegura, el instrumento le cuenta lo que necesita saber: si ha pasado frío, si alguien lo ha cambiado de pared, si lleva demasiado tiempo cerrado.