1 B a raíz de un encargo secundario dentro de su trabajo como arquitecta.
While working as an architect, she was asked to do the signs for a health centre and found the letters more interesting than the building itself. A is contradicted by her family's reaction: Mi familia pensó que me había vuelto loca. The metro project came after she had left architecture to study typography, so c does not fit.
2 A se distinguen mejor porque cada una tiene una forma reconocible.
In lower case cada palabra tiene un perfil propio, and the eye recognises that outline before reading the letters. B is the opposite of her point: capitals se ven más, pero se reconocen peor. C reverses the explanation, since the outline is identified antes incluso de leer las letras una por una.
3 C la versión preferida por los diseñadores era la menos eficaz.
The version the team liked best, la más elegante, fue la que peores resultados obtuvo, and they had to give it up. She mentions volunteers with low vision, but not what they preferred, and the tests measured the new temporary signs, not the old ones.
4 B las considera una reacción natural ante un cambio.
She found the supermarket comment funny and says es completamente normal: people defend what they know, as she did when the banknotes of her childhood changed. She does not accept the comparison, and she is the one who says she did not take the criticism personally: No me lo tomé como algo personal.
5 C antepuso su claridad al espacio disponible en los carteles.
Someone proposed smaller accents to save space on narrow signs, and she refused outright: Preferí ensanchar los carteles antes que tener una eñe que se confundiera con una ene. She criticises foreign typefaces for treating accents as an ornament, so b is the opposite of what she did.
6 A no pueden sustituir el criterio sobre lo que necesitan los usuarios.
A machine can draw a hundred correct letters, pero no puede decidir cuál de ellas necesita una persona mayor looking for the way out, and that decision still needs designers. B contradicts her remark that some programs are sorprendentemente buenos, and c contradicts No me quita el sueño.
Entrevistador: Nos acompaña hoy Marta Iribarren, que ha pasado los últimos tres años diseñando la letra de la nueva señalización del metro. Marta, buenos días y bienvenida.
Marta: Buenos días, y gracias por invitarme.
Entrevistador: Empecemos por el principio. ¿Cómo acaba alguien dedicándose a dibujar letras?
Marta: En mi caso, casi por accidente. Yo estudié arquitectura y trabajé varios años en un estudio. En uno de los primeros proyectos, un centro de salud, me encargaron los carteles que indicaban las consultas, y descubrí que me interesaban mucho más las letras de esos carteles que el propio edificio. Al principio me lo tomé como una distracción, pero al cabo de un tiempo me di cuenta de que era lo único en lo que pensaba al salir del trabajo. Así que lo dejé todo y me fui a estudiar tipografía. Mi familia pensó que me había vuelto loca, y no les faltaba algo de razón.
Entrevistador: ¿Y qué tiene de particular una letra pensada para el metro?
Marta: Que nadie la lee con calma. Un libro se lee sentado, a la distancia que uno elige y durante el tiempo que haga falta. Un cartel del metro se lee caminando deprisa, a veces desde veinte metros, con mala luz y, a menudo, con alguien empujando por detrás. Tenemos uno o dos segundos para que el viajero entienda hacia dónde tiene que ir. Por eso descartamos desde el principio escribir los nombres de las estaciones solo en mayúsculas, que era lo que hacía la señalización antigua.
Entrevistador: ¿Qué problema tienen las mayúsculas? Mucha gente diría que se ven más.
Marta: Se ven más, pero se reconocen peor. Una palabra en mayúsculas es un bloque rectangular, y todas las palabras se parecen entre sí. En minúsculas, en cambio, cada palabra tiene un perfil propio, con letras que suben y letras que bajan, y el ojo identifica ese perfil antes incluso de leer las letras una por una. Es lo que hacemos todos sin saberlo cuando leemos rápido.
Entrevistador: Tengo entendido que hicieron pruebas con viajeros reales.
Marta: Muchísimas. Montamos carteles provisionales en dos estaciones y pedimos a voluntarios de todas las edades, también a personas con baja visión, que encontraran una salida concreta mientras medíamos cuánto tardaban. Y le confieso que nos llevamos alguna sorpresa desagradable. La versión que más nos gustaba al equipo, la más elegante, fue la que peores resultados obtuvo. Tuvimos que renunciar a ella, y le aseguro que nos costó. Las pruebas nos enseñaron también cosas muy prácticas. Por ejemplo, que la flecha tiene que ir siempre delante del nombre de la estación y no detrás, porque el viajero decide hacia dónde girar antes de terminar de leer, y que el contraste entre la letra y el fondo importa bastante más que el tamaño.
Entrevistador: Cuando se presentó la nueva señalización hubo bastantes críticas. Se llegó a decir que parecía la letra de un supermercado.
Marta: Sí, lo leí, y me hizo bastante gracia, la verdad. Mire, es completamente normal. La gente defiende lo que conoce, y la letra antigua llevaba cuarenta años acompañando a los viajeros todos los días. Yo también me enfadé cuando cambiaron el diseño de los billetes de mi infancia. No me lo tomé como algo personal. Lo que me importa es que dentro de un año nadie se acuerde de la letra anterior, y eso suele ocurrir mucho antes de lo que se piensa.
Entrevistador: ¿Hubo algún detalle que le diera especialmente guerra?
Marta: La eñe y las tildes, sin duda. Muchas tipografías diseñadas en otros países tratan los acentos como un adorno que se puede reducir o apretar para que quepa todo en el cartel. Y en una red donde decenas de estaciones llevan una eñe o una tilde en el nombre, eso es un error grave. Hubo quien propuso hacer las tildes más pequeñas para ganar espacio en los carteles más estrechos. Yo me negué en redondo. Preferí ensanchar los carteles antes que tener una eñe que se confundiera con una ene.
Entrevistador: Para terminar, le planteo una pregunta inevitable. ¿Cree que dentro de unos años las letras las diseñarán las máquinas?
Marta: Ya hay programas capaces de generar alfabetos enteros en cuestión de minutos, y algunos son sorprendentemente buenos. No me quita el sueño. Una máquina puede dibujar cien letras correctas, pero no puede decidir cuál de ellas necesita una persona mayor que busca la salida en una estación abarrotada. Esa decisión exige observar, preguntar y equivocarse muchas veces, y ahí, de momento, seguimos haciendo falta.
Entrevistador: Marta Iribarren, muchas gracias por acompañarnos.
Marta: Gracias a ustedes.