1 C Desconfianza
Me huele a chamusquina and aquí hay gato encerrado both mean that something seems suspicious. A central flat at half price, with a deposit asked for before any visit, makes Julián refuse to pay hasta que no tenga las llaves.
2 G Arrepentimiento
Rosa regrets selling the village house: Si pudiera volver atrás, no vendería, she se tira de los pelos every time she passes it, and she admits Metí la pata hasta el fondo. The blame is on herself, so this is regret, not reproach (I), which is aimed at someone else.
3 B Hartazgo
The upstairs neighbour has held his third all-night party this month, Óscar has complained in every way he can (por activa y por pasiva), and estoy hasta la coronilla means he is fed up. His last sentence, Ya no me quedan fuerzas ni para enfadarme, rules out indignation (E).
4 H Entusiasmo
Natalia has won a grant and no cabe en sí de alegría, she cannot contain her joy; she is already making lists three months before the trip. She says nothing about having earned it, so pride (K) does not fit.
5 D Resignación
Qué le vamos a hacer, pues nada, a otra cosa and tampoco es el fin del mundo accept a disappointment that cannot be changed. Felipe did care about the concert (me hacía mucha ilusión), which rules out indifference (F).
6 I Reproche
Elena speaks directly to a friend who forgot the parcel: Te pedí un solo favor, con un mensaje me habría bastado, Me has dejado tirada. Dejar tirado a alguien means to leave someone in the lurch, and the whole monologue reproaches the listener.
7 A Alivio
Tomás spent two weeks con el alma en vilo, on tenterhooks, until he heard that his department is safe. Me he quitado un peso de encima and duermo a pierna suelta express relief.
8 E Indignación
Carmen is outraged that trees were cut down for a car park nobody asked for: no tiene nombre and esto clama al cielo condemn something as scandalous, and she plans to say so a la cara. Unlike Óscar, she is angry about an injustice and ready to act.
Narrador: Número uno.
Julián: A mí esa oferta me huele a chamusquina. Un piso de tres habitaciones en pleno centro por la mitad de lo que piden por los demás, y el dueño quiere que le adelante la fianza sin haberlo visto. Aquí hay gato encerrado. Yo no suelto un euro hasta que no tenga las llaves.
Narrador: Número dos.
Rosa: Si pudiera volver atrás, no vendería la casa del pueblo. En su momento me pareció lo más sensato, porque no íbamos nunca y había que arreglar el tejado. Pero ahora, cada vez que paso por delante, me tiro de los pelos. Mis hijos podrían haber pasado allí los veranos. Metí la pata hasta el fondo.
Narrador: Número tres.
Óscar: Es la tercera vez este mes que el vecino de arriba monta una fiesta hasta las cinco de la mañana. Se lo he dicho por activa y por pasiva, le he dejado notas, le he hablado en el ascensor, y nada. Estoy hasta la coronilla. Ya no me quedan fuerzas ni para enfadarme.
Narrador: Número cuatro.
Natalia: Me han concedido la beca. Me voy seis meses a Montevideo, a trabajar en el archivo que llevo años queriendo consultar. No quepo en mí de alegría. Ya he empezado a hacer listas con todo lo que quiero ver allí, y eso que todavía faltan tres meses para el viaje.
Narrador: Número cinco.
Felipe: Qué le vamos a hacer. Me hacía mucha ilusión ir al concierto, pero las entradas se agotaron en diez minutos y las de reventa cuestan un riñón. Pues nada, a otra cosa. Ya volverán algún año, y si no, me lo pondré en casa con los cascos. Tampoco es el fin del mundo.
Narrador: Número seis.
Elena: Te pedí un solo favor, que recogieras el paquete antes de las ocho, y se te pasó. Ahora me toca ir mañana a la otra punta de la ciudad a buscarlo. Ya sé que tenías mucho lío, pero con un mensaje me habría bastado. Me has dejado tirada, y eso no se le hace a una amiga.
Narrador: Número siete.
Tomás: Llevaba dos semanas con el alma en vilo, porque en la empresa se hablaba de despidos y mi departamento estaba en todas las quinielas. Esta mañana nos han reunido y nos han dicho que nos quedamos todos. Me he quitado un peso de encima que no te imaginas. Hoy duermo a pierna suelta.
Narrador: Número ocho.
Carmen: Lo que han hecho con el parque no tiene nombre. Han talado veinte árboles sin consultar a nadie para hacer un aparcamiento que ningún vecino había pedido, y encima el concejal dice que es por nuestro bien. Esto clama al cielo. En la próxima junta del barrio se lo pienso decir a la cara.