Buenas tardes. Seguro que a muchos de ustedes les ha pasado alguna vez. El teléfono deja de cargar, la impresora se niega a imprimir o la lavadora empieza a hacer un ruido extraño, y cuando preguntan cuánto cuesta arreglarlo, la respuesta es casi siempre la misma: no le compensa, cómprese uno nuevo. Hoy quiero explicarles por qué ocurre esto y qué podemos hacer para cambiarlo.
Durante años se ha hablado mucho de la obsolescencia programada, es decir, de la idea de que los fabricantes diseñan sus productos para que se estropeen pronto. Algún caso se ha llegado a demostrar, pero creo que esa explicación, tan atractiva, nos distrae del problema real. La mayoría de los aparatos no se rompen antes de tiempo porque alguien lo haya decidido en un despacho. Lo que ocurre es que se diseñan sin pensar en que algún día habrá que repararlos.
Les pongo algunos ejemplos. Baterías pegadas con adhesivo en lugar de atornilladas, de modo que es casi imposible cambiarlas sin romper otra pieza. Tornillos con formas extrañas, para los que no existe ninguna herramienta a la venta. Piezas de recambio que el fabricante no vende a los talleres independientes, o que vende a un precio tan alto que no tiene sentido comprarlas. Y, cada vez más, programas informáticos que bloquean el aparato cuando detectan una pieza que no ha instalado el servicio técnico oficial. Hace poco, un amigo quiso cambiar la pantalla rota de su tableta. El taller de su barrio podía hacerlo en media hora, pero el fabricante no le vendía la pantalla, así que acabó comprando una tableta nueva. Multipliquen ese caso por millones de personas.
Las consecuencias van mucho más allá del bolsillo de cada uno. Cada año se generan en el mundo millones de toneladas de residuos electrónicos, y solo una pequeña parte se recicla como es debido. Fabricar un teléfono nuevo exige extraer minerales, consumir agua y energía y transportar componentes de un continente a otro. Por eso, alargar la vida de los aparatos que ya tenemos es, con diferencia, la manera más eficaz de reducir ese impacto, bastante más que el reciclaje.
Algunos gobiernos han empezado a reaccionar con normas que obligan a los fabricantes a vender piezas de recambio durante varios años y a publicar los manuales de reparación. Es un buen comienzo, pero en mi opinión no basta. Por eso quiero proponerles tres medidas concretas.
La primera es una etiqueta de reparabilidad obligatoria en todos los aparatos electrónicos, con una nota del uno al diez, como la que ya conocemos para la eficiencia energética. Si al comprar una televisión vemos que un modelo tiene un tres y otro un ocho, muchos elegiremos el segundo, y los fabricantes tomarán nota.
La segunda es ampliar la garantía cuando el consumidor decide reparar en lugar de sustituir. Hoy, si el aparato falla dentro de la garantía, al cliente le suelen ofrecer uno nuevo, porque al fabricante le sale más barato. Si la reparación diera derecho a un año más de garantía, cambiaríamos ese incentivo.
Y la tercera, quizá la más ambiciosa, son los bonos de reparación: ayudas públicas que cubran una parte del coste de arreglar un aparato en un taller de la zona. Se me dirá que eso cuesta dinero, y es cierto. Pero hay que tener en cuenta lo que se ahorra en gestión de residuos y el empleo que generan esos talleres, un empleo local que no se puede trasladar a otro país. Muchos de esos talleres son pequeños negocios familiares que hoy sobreviven a duras penas.
También se me dirá que todas estas medidas encarecerán los productos. Es posible que algunos aparatos cuesten algo más al principio, no lo niego. Pero si un teléfono dura seis años en lugar de tres, a la larga el consumidor sale ganando. Y pensemos en quienes no pueden permitirse cambiar de teléfono cada dos años: para ellos, poder reparar es una necesidad económica antes que una preocupación ecológica.
Termino con una reflexión. Mi propuesta tiene poco de nostálgica: no pretendo que volvamos a las radios de válvulas de nuestros abuelos. Pretendo que, antes de comprar, nos preguntemos cuántos años va a durar un aparato, además de cuánto cuesta. Y que exijamos a los fabricantes que esa respuesta figure en la caja. Muchas gracias.